Tras nueve años como directora del CEIP José Miguel de Barandiaran, Zuriñe Tamayo dejará el cargo el año que viene en manos de Nuria García Oña. Zuriñe hace un repaso a tu trayectoria al frente del colegio y aconseja “paciencia y trabajo”, a su sucesora, que presenta un proyecto continuista para mantener el nivel del alumnado y conseguir que las familias del municipio apuesten por el centro para la escolarización de sus hijos e hijas.
-¿Qué sentimiento tienes ahora que cierras esta etapa?
-Por una parte, estoy con ganas de cerrar una etapa que ha sido larga, han sido nueve años, con muchas cosas en medio, incluso una pandemia. Han sido nueve años intensos y al final te vas cansando, vas perdiendo un poco la energía y creo que es bueno que haya un relevo de gente más joven, con ilusión, con ganas, que conoce muy bien la escuela. Creo que lo dejo en muy buenas manos.
-¿Cómo afrontas esta nueva etapa?
-Por otra parte, con un poco de miedo. Voy a seguir en el colegio, voy a seguir estando aquí porque es mi plaza y además es mi escuela. Llevo aquí 19 años y lo siento como algo mío, pero también con un poco de miedo, de incertidumbre.
-¿Cómo ha evolucionado la colegio en estos nueve años?
-En los 19 años que llevo en colegio, hemos pasado por muchas etapas. Yo cuando cogí la dirección hace nueve años era todavía un colegio bastante grande, con tres líneas en muchos niveles y a lo largo de los años hemos visto que hay menos chavales, menos nacimientos y se ha convertido en una escuela de tamaño medio. Ahora mismo estamos en torno a los 300 alumnos, con dos líneas. Nuestro objetivo ahora es mantener estas dos líneas.
En cuanto a las características del alumnado y las características de las familias, sí se ha notado un cambio importante. Los chavales y chavalas cada vez vienen con más dificultades, con otro tipo de necesidades y la educación está cambiando bastante. Hemos pasado de ser maestros y maestras, a ser un poco de todo. Maestros, maestras, consultores, psicólogos, pedagogos… Por otro lado, las nuevas tecnologías y las nuevas metodologías están avanzando muy rápido y esos son los retos que tenemos que afrontar.
-¿Cuál es el mayor reto al que te has tenido que enfrentar?
-Yo ya hace más de 30 años que estoy en educación. Estudias para una cosa y después te vas dando cuenta de que los retos a los que tienes que hacer frente son diferentes a los que tú te has preparado. Por lo tanto, hay que seguir preparándose, formándose, cambiar un poco el chip y ver que hay que atender al alumnado de otra forma.
Tienes que entender cómo está cambiando el sistema educativo, adaptarse a las nuevas metodologías y adaptarse a las exigencias de las familias.
-¿Hay algún proyecto que se te quede en el tintero?
– La verdad es que en estos años nos hemos metido en un montón de proyectos y en un montón de programas para conseguir unos buenos resultados del alumnado y al final te vas dando cuenta de que no consigues mucho lo que quieres, sobre todo en el proceso de lectoescritura. Nos preocupa muchísimo el nivel de lectoescritura del alumnado. A veces tenemos casos que llegan a quinto y sexto sin saber leer correctamente. Una dificultad en la lectura hace que el aprendizaje sea imposible y esto hace que los resultados no sean los que queremos.
Y yo creo que eso es lo que se me queda en el tintero. Nos hemos metido en muchos programas, hemos puesto toda nuestra fuerza en el proceso de lectoescritura y aún así vemos que no conseguimos los resultados que queremos.
–Ahora que llega una nueva directora, ¿qué consejo le darías?
-Bueno, Nuria este es el cuarto año que está dentro del equipo directivo y ha visto muchas cosas que no ves desde el aula. Ves un poquito la escuela en su totalidad. El principal consejo que le doy, es que tenga paciencia. Hay momentos difíciles, pero también hay momentos divertidos. Lo importante es tener un buen equipo, que lo va a tener, ir todas a una, e intentar desconectar lo más posible cuando llegas a casa.
Un relevo continuista
-Nuria, ¿qué significa para ti asumir esta responsabilidad?
-Un gran reto. Hace cuatro o cinco años no se me hubiera pasado por la cabeza asumir la dirección. Sin embargo, estando en el puesto que he ocupado estos años, he visto las cosas de distinta manera. Creo que tenemos un claustro muy bueno, con gente implicada e intentando trabajar para los chavales del colegio y del pueblo y eso me hace tener confianza.
-¿Tienes algún plan, alguna prioridad en los primeros meses?
– Intentar fomentar el euskera, no solo en el ámbito académico sino también fuera de aquí. Es un reto difícil pero seguiremos intentando hacerlo. También asumir las nuevas tecnologías, saber hasta dónde nos ayudan y hasta dónde no y cómo manejarlas con los chavales. Por último intentar que los alumnos se sientan atendidos, no solo académicamente sino emocionalmente, porque en muchos aspectos necesitan esa atención emocional para poder rendir académicamente.
-Y más a largo plazo, ¿cuál es tu proyecto?
-El proyecto que hemos presentado dura cuatro años, que luego se pueden prorrogar. Es un proyecto continuista, seguir haciendo lo que estamos haciendo bien, coger todo lo bueno que tenemos y añadir cosas nuevas.
– ¿Cómo imaginas el colegio dentro de cuatro o cinco años?
-Más o menos, igual que ahora. Nuestro reto es procurar que la gente del pueblo siga viniendo al colegio porque también hemos notado que hay gente que no apuesta por el colegio y se van a Vitoria a estudiar. En ese sentido, intentar contar con todos los niños que hay en Nanclares y los alrededores y seguir manteniendo esas dos líneas. Para ello, tenemos que conseguir que la gente esté contenta y que se queden en el colegio.
-¿Qué mensaje daríais a la gente del municipio?
-Que tenemos un claustro implicado, que nuestros ratios están incluso por debajo de lo que ahora marca el departamento y que animamos a la gente a que venga. Creemos que la mayoría de las familias, están a gusto, los chavales están muy a gusto en el centro, se sienten seguros y seguras y que hay muy buen ambiente cuando salen del colegio.



