Llega el invierno y con él, el frío y para muchas personas, la pereza para entrenar, especialmente aquellos que practican deportes al aire libre. Sin embargo, y aunque sea obvio que debemos protegernos del frío extremo, es bueno saber que las bajas temperaturas aportan muchos beneficios a nuestro organismo.

Se ha demostrado que el frío hace aumentar los niveles de adiponectina, una proteína que estimula la quema de grasas. Esto significa que es el aliado perfecto para problemas de sobrepeso u obesidad.

Entrenar con frío hace que aumente el número de leucocitos y granulocitos, máximos responsables del aumento y protección del sistema inmunológico. 

Cuando obligamos a nuestro cuerpo a adaptarse a una falta de calor, este realiza un esfuerzo permitiendo que sus órganos principales realicen una labor más intensa. Por ello, el corazón que acaba fortaleciéndose y ofreciendo una mejor salud cardiovascular. Los pulmones, con el mismo fin, aumentan su capacidad.

Por ello, podemos concluir que el invierno es una época perfecta para hacer deporte, aunque debemos que tener en cuenta que en el desarrollo de la actividad física tendremos menos sensación de estar sedientos. Por ello es conveniente beber agua antes de entrenar y después. Si la actividad dura más de 1 hora, también es conveniente beber durante la práctica deportiva.

Con el frío, al cuerpo le cuesta más calentarse, de ahí que tengamos los músculos, articulaciones y ligamentos más fríos. Si en cualquier época del año es conveniente realizar los estiramientos y calentamientos adecuados, en invierno mucho más.

En estas fechas debemos contar con ropa que abrigue pero que no limite nuestros movimientos. Lo más adecuado es llevar dos capas para que, en un momento dado, podamos prescindir de una de ellas. 

Con frío intenta inhalar el aire por la nariz y exhalar por la boca. De esta forma ese aire frío del exterior tardará más tiempo en llegar a los pulmones, manteniendo una temperatura ideal en todo el aparato respiratorio.

Finalmente, debemos tener en cuenta que cuando nuestro cuerpo desciende de los 36º C, podemos hablar de hipotermia. Debemos estar atentos a ello, especialmente si avisa a través de mareos, problemas de habla o falta de coordinación.