Continuamos con la experiencia del Tour del Mont Blanc, una travesía inolvidable que realizamos en 2024 a lo largo de nueve días por algunos de los paisajes más bellos e icónicos de los Alpes que rodean al Mont Blanc.

Día 5
Courmayeur – Rifugio Bertone – Tête de la Tronche – Rifugio Bonatti – Tronchey Bus
20 km | 1.600 m de ascenso | 1.200 m de descenso | 7 horas de aventura
Tras salir de Courmayeur y calentar las piernas con un pequeño paseo, comenzó la fiesta: un ascenso intenso en el que, en solo 4 kilómetros, ganamos nada menos que 700 metros de desnivel. Casi nada.
La primera parada fue el Rifugio Bertone, donde aprovechamos para tomar un refrigerio y coger fuerzas. Seguimos subiendo hasta alcanzar el punto más alto de la jornada, la Tête de la Tronche, situada a 2.572 metros.
Arriba el aire soplaba con ganas, pero ese día caminábamos prácticamente sin peso. Como volvíamos a dormir a Courmayeur, nos habíamos librado de más de 10 kilos de mochila. Y quien haya hecho montaña sabe que eso no es comodidad… eso es felicidad.
La ruta nos regaló algunos de los paisajes muy espectaculares: valles infinitos, cumbres imponentes y senderos que parecen sacados de una postal. Llegamos al Rifugio Bonatti, uno de esos lugares donde uno se quedaría horas simplemente mirando alrededor. Ya abajo, tomamos el autobús a Courmayeur para descansar… aunque antes había una última misión obligatoria del día: celebrar la etapa con una buena pizza italiana.

Día 6
Montita – Rifugio Elena – Col Ferret – La Peule – Refuge Maya Joie
17 km | 900 m de ascenso | 1.050 m de descenso
La jornada comenzó tomando un autobús hasta el punto de salida. Apenas llevábamos dos kilómetros cuando alcanzamos el Rifugio Elena. Continuamos hacia el Col Ferret, paso fronterizo entre Italia y Suiza, situado a 2.540 metros de altitud.
Cruzar la frontera caminando entre montañas tiene algo especial. El paisaje cambia, pero la sensación de aventura aumenta a cada paso.
Antes de llegar a La Peule paramos a comer algo y recuperar energía y vivimos uno de esos momentos que toda gran aventura necesita: una pequeña crisis de orientación. No encontrábamos el camino correcto y, tras un par de intentos fallidos y algunas dudas, conseguimos dar con la ruta buena. Quedó en anécdota. Desde ahí, el camino se volvió mucho más sencillo, aunque la lluvia quiso acompañarnos para añadir un poco más de épica a la jornada.
Finalmente llegamos al Refuge Maya Joie, donde disfrutamos de unas vistas increíbles. Cenamos al aire libre, relajados y satisfechos, mientras las montañas nos recordaban que el esfuerzo siempre merece la pena.