Hace una década, Carlos Calleja recibió unas semillas de eguzkilore sin imaginar que aquel regalo acabaría convirtiéndose en una de sus grandes aficiones tras la jubilación. Hoy dedica buena parte de su tiempo a cultivar esta planta, un proceso lento y delicado que requiere paciencia, conocimientos y mucho mimo. La mayoría de los ejemplares que consigue sacar adelante terminan en manos de familiares, amigos o vecinos, porque disfruta tanto viéndolos crecer como compartiéndolos con los demás.

¿Cómo comenzó tu afición por el eguzkilore?

Por casualidad. Mi hermana me regaló unas semillas hace años y, como era un completo novato, las planté sin saber cómo había que hacerlo. Se murieron todas. Bueno, mejor dicho, las maté yo. Entonces pensaba que simplemente no habían salido.

Tiempo después, un antiguo compañero de RPK, donde trabajé, me llevó unas plantas que se le estaban muriendo para ver si podía recuperarlas. Aquello despertó mi curiosidad. Empecé a buscar información, vi vídeos, leí todo lo que pude y descubrí que el eguzkilore es una planta que necesita dos años para completar su ciclo y que requiere unas condiciones muy concretas para desarrollarse.

Decidí conservar las pocas plantas que habían sobrevivido. Meses después, cuando llegó enero, empezaron a brotar de nuevo. Ahí comprendí que no se habían muerto y fue cuando realmente me enganché.

¿Es complicado cultivarlo?

Más de lo que la gente piensa. Lo primero es conseguir que germinen las semillas, y eso ya es todo un reto. Algunas brotan en apenas doce días y otras pueden tardar dos meses. Además, muchas semillas están vacías, así que antes de sembrarlas hago una selección una por una.

Cuando germinan tampoco está todo hecho. Son muy delicadas durante los primeros meses. Hay que controlar la humedad, protegerlas del sol directo y evitar que la raíz se seque. Si les da demasiado sol cuando son pequeñas, prácticamente puedes darlas por perdidas.

¿Cómo es el proceso de cultivo?

Empiezo germinando las semillas. Las mantengo protegidas durante todo el invierno y, entre finales de enero y principios de febrero, las trasplanto al huerto. Intento hacerlo cuando no hay heladas fuertes. A partir de ahí solo queda cuidarlas durante muchos meses: mantener la tierra húmeda, utilizar abono para plantas acidófilas y eliminar las malas hierbas.

El primer año apenas desarrollan unas pocas hojas. El segundo cambia completamente el aspecto de la planta. Crece con fuerza y, hacia finales de mayo, empieza a formar el botón floral. Poco después llega la floración.

Cuando la flor está en su mejor momento, se corta cuidadosamente y comienza el proceso de secado para conservarla.

¿Qué condiciones necesitan para crecer?

Necesitan una tierra ácida y cierta altitud. Por debajo de unos 600 metros resulta mucho más complicado que prosperen. Además, no soportan cualquier terreno ni cualquier exposición al sol.

Es una planta bastante caprichosa. Puedes hacer exactamente lo mismo con dos ejemplares y que uno salga adelante y el otro no. Por eso hay tan poca gente que la cultiva con éxito.

El eguzkilore tiene un gran simbolismo en la cultura vasca. ¿Qué significa para ti?

Cuando empecé simplemente me gustaba como flor. Siempre me había parecido muy bonita para colocar en una puerta, pero realmente aprendí su significado después, leyendo e informándome.

Según la tradición, protege las casas de los malos espíritus, las brujas y los malos augurios. Antiguamente se colocaba en las puertas de los caseríos como símbolo de protección para el hogar.

¿Se pueden recoger en el monte?

No. Está totalmente prohibido. Es una especie protegida y hay que respetarla. Precisamente por eso me animé a cultivarla. Así quien quiera tener un eguzkilore puede hacerlo sin necesidad de arrancarlo de su entorno natural.

Es importante que la gente sea consciente de ello. La única manera de conservar esta planta es dejar que siga creciendo donde nace de forma silvestre.

¿Qué haces con los eguzkilores que cultivas?

La mayoría los regalo. Lo que más ilusión me hace es ver la cara de quien recibe uno.

Han viajado a muchos sitios. Tengo eguzkilores que han terminado en Barcelona, Menorca, Madrid e incluso uno llegó hasta Colombia. Me hace gracia pensar que una planta tan nuestra pueda acabar decorando una casa al otro lado del océano. Disfruto compartiéndolos.

¿Qué consejo darías a quien quiera empezar?

Que tenga paciencia. Muchísima paciencia. Vivimos acostumbrados a obtener resultados rápidos y el eguzkilore funciona justo al contrario. Durante meses parece que no ocurre nada. Incluso cuando la planta se seca da la sensación de que ha muerto, pero no es así. Hay que esperar, confiar y seguir cuidándola.

Precisamente ahí está parte de su encanto. Es una planta que obliga a respetar los tiempos de la naturaleza. Después de dos años de trabajo, cuando por fin ves abrirse la flor, entiendes que toda la espera ha merecido la pena. Cada eguzkilore que florece es una pequeña recompensa a la constancia y al cariño con el que ha sido cultivado.